Puesto que lo que se
busca es la perfección de la obra, su bien propio, cuando nos disponemos a la
actividad artística entramos en un mundo aparte, con sus propias reglas y sus propios
fines.
Hay cierta analogía con el juego. Pero su efecto
no es la diversión, sino la belleza.
El mundo de nuestra vida no es el mundo del arte. No tienen ni comparten los mismos fines, ni por lo tanto las mismas reglas. Por ello la actividad artística tiene tendencia a extraernos de nuestras preocupaciones cotidianas, a liberarnos momentáneamente de su posible peso.
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